29 ago. 2013

Llega el 29 y con él...de todo un poco.

En este 29, como viene sucediendo hace tres meses y espero pueda seguir sucediendo por largo tiempo más, vuelvo a subir nuevo material de lectura a la web. Sin embargo, desgraciadamente y como adelanté ayer a través de nuestra página oficial de Facebook, no traigo material relacionado a Los Exploradores del Tiempo (ni de La Última Paradoja ni de Travesías por el Universo), pero sí traigo una variedad de material para tener en cuenta.

Puedes elegir entre leer un adelanto del nuevo capítulo de #LEDT4, "Infiernos"; "Un Rey Solitario", el tercer capítulo de la historia que estoy traduciendo, "La Metrópolis"; la primera parte del segundo episodio de "La Ciudad Gris", llamado "La Transmisión", y un cuento que escribí como una tarea en la escuela acerca de un sueño que hayamos tenido alguna vez, al cual titulé "Infortunio". O, si no quieres elegir, puedes leer todo y agradecerme luego xD

Hablando en serio ya, espero poder traerles el próximo 29 algo más que solo "Infiernos", así que bueno...ya veremos que pasa. Mientras...solo me queda decirles:

¡Feliz lectura!


Adelanto de "Infiernos"


"—Primero que nada, buenos días a todos. Hablé antes de venir con los pilotos y me han informado que estaremos llegando en una hora a Arupia y que las temperaturas son muy altas en este momento pero que por la noche suelen descender mucho así que hay que bajar con una mochila con al menos un abrigo. Recuerden que ni bien lleguemos tendremos que ir directo al foco del conflicto que hay entre los arupianos y una banda de buscapleitos que residen en las montañas, por lo que estén listos y preparados para lo que puede llegar a convertirse en una batalla si no basta con negociaciones dialogales, ¿de acuerdo?
Lían asintió al mismo tiempo que todos daban su afirmativa y le habló a la criaturita que reposaba en su hombro cuando dijo:


— ¿Y si tenemos que luchar, Jarcky? Nunca lo he hecho sin ti pero no te pediría que te esfuerces si aún estás adolorido…—le fue sincero, mientras que su dragoncito mascota gruñía en voz aguda una respuesta atolondrada. —No, Jarck, esto es serio. ¿Qué pasaría si esta vez terminas aún más herido que antes? ¿Y si acaso yo…y si…y si llegara a perderte? Sabes que moriría antes de dejar que eso te pase, amigo—agregó. El muchacho oyó la respuesta de su compañero de aventuras y lo llenó de valor que una criaturita reducida a ese tamaño tuviera tantas ganas de salir a luchar mientras que él se preocupaba por si debía llevarlo o no consigo, pero eventualmente tuvo que optar por dejarlo aunque él no estuviera de acuerdo. Le prometió que la próxima vez lo llevaría a donde fuera, le dejó comida y lo recostó sobre su cama en la nave antes de irse a duchar, pero lo que ignoraba era que su amigo no tenía los mismos planes que el joven Mist. Cuando el muchacho se cambió, armó su mochila con una botella grande de agua, un poco de comida y el abrigo, el dragón se coló entre el equipaje y salió de la habitación hacia el hangar de encubierto. El momento de aterrizar llegó y con él se acercaron a la puerta los tripulantes que iban a bajar. Desde las ventanas ya no se veía un negro cielo estrellado, sino una tierra arcillosa por doquier, unas montañas color café y ciruela bordeando el horizonte y un desierto de anaranjadas dunas por aquí y allá a donde vieras. Una de las montañas en la lejanía simulaba ser un volcán inactivo por su cúpula en forma de cráter y los surcos de ceniza volcánica y lava extinguida que caían desde la cima corrían a lo largo del desierto por una amplia superficie, dando la sensación de estar en un territorio muy similar al mundo ese donde Nexoprath residía, excepto por el cielo, que ahora se veía azul, claro, y el sol brillaba con un fulgor que no se habría visto nunca en la dimensión de la gran bestia todopoderosa. Cuando la compuerta se abrió y el caluroso aire ingresó a la nave a toda prisa, Arupia se alzó ante ellos como un rubí rojo, una exótica tierra que les prometía acción, aventura…y hasta peligro."



"Infortunio"


Desperté sobresaltado, con miedo, asustado, pero aliviado de que todo aquello que me había pasado…solo había sido un sueño, aunque aún resonaba en mi mente y tenía la imagen viva en mis ojos. Yo estaba -como en todo sueño, desconociendo porqué- en un amplio lugar, acompañado de gente que no conocía…o sí, no recuerdo. Estaba oscuro, y frío, y había escombros por doquier, porque aparentemente el lugar estaba abandonado hacía ya un tiempo. Yo estaba vestido como un detective, con una gabardina y tomando notas, así que supongo que eso era. Recuerdo haber visto uno o dos policías a mi lado en algún momento, así que supongo que algo habría pasado como para que estuviéramos ahí. El lugar, según alguien me contaba o yo ya sabía, en algún momento había sido un boliche, o un lugar por el estilo, donde concurría mucha gente y muy a menudo, pero algo había pasado que lo habían cerrado, y con el tiempo se había deteriorado hasta quedar destruido como nosotros lo teníamos en frente, y bajo nuestros pies. Años después de ese “suceso”, allí estábamos nosotros, intentando cerrar ese caso y descubrir el misterio que habría provocado el cierre del boliche, pero si aún no se había descubierto la razón, poco probable era que nosotros fuéramos a tener mejor suerte estando allí, viendo tan poco y sabiendo menos por dónde empezar a buscar siquiera.

Yo recordaba, y les decía a mis colegas, que había estado en “la noche” en ese lugar, hace tantos años, y que si estaba en lo correcto, algo tenía que ver con la desaparición de un muchacho cuyo cuerpo nunca habría aparecido, y que poco se habría investigado debidamente porque alguna pista tendría que haber quedado que diera a conocer más información en su momento, pero que aparentemente nada se había hecho al respecto. Quizás por negligencia, quizás porque los dueños del lugar no se lo permitieron, o porque sus familiares no se preocuparon cuando debieron, el motivo de su desaparición estaba inconcluso, y el de su muerte eran mitos, leyendas urbanas, fábulas modernas, nada que se hubiera comprobado con exactitud. Me parecía raro, a mí y a los demás, que no se hubiera profundizado en el tema, que no se hubiera sabido más nada del asunto, y hasta que los encargados en ese momento no indagaran en el caso…pero debía haber una buena explicación para ello, y aunque ese día no fuéramos a encontrar nada, debíamos aprovechar la oportunidad para al menos tener un pequeño indicio sobre por dónde comenzar.

Mientras recorrimos un poco el lugar, alumbrados por la escasa luz del sol que entraba por un orificio en el techo, y esquivando los charcos de agua que entrarían por la lluvia, algunos recuerdos volvieron a mí sobre esa noche, y así les relataba a mis acompañantes. Recordaba que ese día había habido una fiesta, y había concurrido mucha gente, y que de pronto, a todos nos habían sacado a empujones del boliche, sin razón alguna, y ya no volvieron a abrirlo. Al otro día, nos enteraríamos que un joven, que en tiempos presentes tendría mi edad, habría pasado por ese lugar la noche anterior, pero que luego no habría vuelto a su casa, y poco se sabía acerca de si había salido, de con quién estaba, de qué había hecho, de a dónde había ido antes o después…nada. Solo había desaparecido. Pero no podría haberse esfumado así como así, algo le habría pasado, pero por más que buscamos en diarios y publicaciones en televisión, nadie sabía más de lo que yo sabía. Había algo extraño en todo ello, y había muchas preguntas inconclusas, a las cuales ese día fuimos a responder.

Por más que buscamos pistas, indicios, o algo, el lugar estaba cubierto de polvo, suciedad, moho y escombros por el deterioro del tiempo y los temporales, así que difícil sería encontrar huellas, inútil desde ya parecía intentarlo. Recorrimos el patio, el segundo piso, la terraza, la entrada, las salidas de emergencias…pero nada. Ya no estábamos por dar por vencidos cuando recordé, al pasar cerca del orificio en el techo por donde entraba la luz, que los baños se encontraban allí cerca y aún no habíamos revisado ahí. Mis compañeros seguían buscando en otras partes, y como estaba seguro de que no iba a encontrar nada, fui solo en esa dirección. Primero me topé con el baño de mujeres, cuya puerta de madera estaba roída por la humedad, y en los dos o tres cubículos disponibles para ellas, no había otra cosa, como en todo el lugar, que no fuera mugre. Me estaba por dar por vencido. Me imaginaba ya teniendo que hacer muchas llamadas y tener reuniones con diferentes abogados solo para conseguir una reunión con los antiguos dueños del lugar; y me daba dolor de cabeza el solo pensar en el papelerío que tendría que hacer para traer especialistas y científicos a tomar muestras y luego que las autoricen para hacerles las respectivas pruebas y demás.

Por lo que ya desanimado, me dirigí por último al baño de hombres y me encontré con que estaba más oscuro que el otro. Tuve que buscar en mi gabardina la linterna de bolsillo que yo llevaba siempre y valerme de ella para ver algo entre tanta penumbra. El piso era un asco. Apenas si se podía caminar por allí sin quedarte pegado al suelo, pero me tuve que resignar para revisar los cubículos. En el primero, el inodoro se había rebalsado por, seguramente, una obstrucción en las cañerías, así que ni me molesté a adentrarme allí: el olor me desviaba lo más lejos que se pudiera de él. En el segundo, la viga de la puerta había cedido con el tiempo y había hecho que se cayera contra la pared y los azulejos, obstruyendo el paso al sanitario, por lo que apenas alumbré allí, sabiendo que poco iba a encontrar. Sin embargo, la tercera puerta estaba cerrada con cerrojo, y no bastó ni con un empujón, ni un tirón, ni con un golpe para abrirla: tuve que forcejear con ella, y no fue que se abrió hasta que le asesté una buena patada justo en el cerrojo. La puerta chocó con el inodoro, y largó un vaho horrendo, putrefacto, mucho peor que el del cubículo primero. Pero como a simple vista no pude ver nada, debido a que los baños eran bastante más amplios que lo normal, alumbré con mi linterna y di un paso dentro, y luego otro. No vi nada en la pared, en el retrete, o en el suelo, pero la puerta no se había abierto del todo y era por una razón. Dirigí la luz hacia detrás de la puerta, y tendría que haberlo hecho más lento, no de repente, porque lo que encontré me movilizó tanto que no pude no gritar aterrado y horrorizado. Un esqueleto putrefacto, con ropas roídas, sucias, cabello negro, me devolvió una mirada perdida, muerta años atrás, ennegrecida, infernal. El chico perdido hacía tanto, no se había ido a ninguna parte…lo tenía ahí, frente a mí, a centímetros de mi rostro, con la boca abierta, los dientes negros, y algo de carne verdosa llena de moscas volando a su alrededor.

Desperté sobresaltado, con miedo, asustado, pero aliviado de que todo aquello que me había pasado…solo había sido un sueño, aunque aún resonaba en mi mente y tenía la imagen viva en mis ojos…y no me lo vaya a olvidar nunca más. Había encontrado un muerto, un cadáver, y no había sido solo un sueño, porque yo había sentido que era algo más…que había sido real, y me había hecho exaltar hasta las lágrimas. Que infortunio el mío el haberme acostado con la puerta cerrada y haber apagado hasta las luces del botón de encendido del televisor, porque enseguida me desesperé por encontrar algo, por hacer luz, por ver que me encontraba a salvo, y no que aún estaba en ese baño, cerca de la muerte, del miedo. Mi celular marcó las tres de la mañana, y con una temerosa inspección en mi habitación encontré nada más que a mi hermano durmiendo plácidamente, como seguro debían estar haciendo los demás en la casa. Estaba a salvo…pero mi corazón aún latía como si no lo hubiera estado hacía un segundo, y tenía aún tanto miedo por haber visto esa imagen tan clara, tan tenebrosa, que me costó largo rato recuperar el sueño. Pero gracias a Dios que lo hice, porque no hubiese podido estar tranquilo si el insomnio me llegaba ganar.

fin